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JORGE CASTAÑEDA
Blog de literatura de la Patagonia
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16 de Abril, 2014    CRÓNICAS

GARCIA MARQUEZ: EL OTOÑO DEL ESCRITOR

 

GARCIA MARQUEZ: EL OTOÑO DEL ESCRITOR


Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

La obra de los grandes escritores encierra un universo en sí mismo. Con sus claves, sus entresijos, sus obsesiones, sus fantasmas, sus iteraciones. Así fue con Cervantes, con Shakespeare, con Balzac, con Flaubert, con Proust,  con Kafka, con Sábato, con Borges y con cuántos otros.

La obra se puede decir que es la extensión del escritor, como hombre, como ser humano y revela el pensamiento más recóndito e íntimo, a veces inconsciente que se repliega en las profundidades del alma pero que de alguna forma se hace universal y atañe a casi todos los hombres. Porque de alguna forma la obra de un escritor es un espejo (¡siempre Borges!) que nos revela e interpela.  Por eso se puede afirmar que en algunos momentos todos somos Ulises, Hamlet, el Quijote, Madame Bovary, Martín Fierro, Gregorio Samsa, el duque de Bomarzo, doña Flor, la Maga, Oliveira, Traveler o Talita.

No hay lector de mi generación  que no se haya conmovido con los libros de Gabriel García Márquez y que no salga de ellos como decía el genial Megafón de Marechal “con los ojos reventados de imágenes”.

Por eso reitero; en algún momento hemos sido el viejo coronel esperando su pensión; el general perdido en su propio laberinto de viejas batallas, recuerdos y utopías; el padre Angarita levitando después de beber su taza de chocolate; Fermina Daza y Florentino Ariza viviendo un amor en los tiempos del cólera o  vaya Dios a saber en que otras circunstancias parecidas.

Ese es el milagro de la gran literatura, y el “realismo fantástico” del Gabo (por llamarlo de alguna forma) goza de buena salud porque todavía muchos como él creemos que “cuando Kafka dice que Gregorio Samsa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto, no  parece que eso sea el símbolo de nada, y lo único que nos ha intrigado siempre es qué clase  de animal pudo haber sido. Que hubo en realidad un tiempo en que las alfombras volaban y había genios prisioneros dentro de las botellas. Que la burra de Balaán habló –como dice la Biblia- y lo único lamentable es que no se hubiese grabado su voz y que Josué derribó las murallas de Jericó con el poder de sus trompetas, y lo único lamentable es que nadie hubiese transcrito su música de demolición. Y que el licenciado Vidriera de Cervantes era en realidad de vidrio, como él lo creía en su locura, y que el gigante Gargantúa se orinaba a torrentes sobre las catedrales de París”.

Es que el nuevo continente parió escritores tan desaforados y mágicos como su misma geografía, pero ninguno como el colombiano supo encontrarle su tono y su voz. Porque también la gran literatura es la pequeña región donde uno vive, goza y sufre.

Cuando un libro (alguien supo decir que al leer las primeras páginas sufrió un desmayo) nos atrapa y nos invita a acercarnos a otros del mismo autor sin defraudarnos, sin duda estamos ante verdaderas obras maestras de la literatura.

Y cuando los personajes, lugares y situaciones que se encuentran en su trama se hacen universales y reconocidos por su nombre en distintos lugares e idiomas y repetidos hasta el hartazgo, ya ese autor debe despojarse y dejar su obra en el regazo de los demás, porque pasa a ser un poco de todos o sea propiedad cultural de la humanidad.

Por eso cuando vemos en el titular una noticia que el copete dice: “crónica de una muerte anunciada”, o cuando al referirse a una ciudad o un pueblo donde pasan cosas sobrenaturales se escucha decir que es un macondo, o cuando conocemos la zaga heroica y cotidiana de una familia cualquiera y escuchamos compararla con la dinastía de los Buendía, sin ninguna duda que estamos incorporando a nuestra realidad de todos los días el imaginario narrativo de Gabriel García Márquez y eso lo hace un poco de todos, mérito que solo tienen los grandes escritores.

¿Acaso no se han escrito letras, estudios, tesis y hasta ballenatos en homenaje al Gabo  y también canciones a su Macondo cómo éstas?:

“Entre el hielo y los imanes/ Macondo es cualquier lugar/ con el galeón, con los clanes/ los Buendía, los Iguarán.  Cien años de las estirpes/ cien años de soledad/ con el buen o de Angarita/ quién no quiere levitar.  Cuando llegan los gitanos/ es tiempo para mercar/ de Úrsula son las alhajas/ de Arcadio poder soñar.  Los instrumentos lo dicen/ el progreso lo dirá/ hasta la tierra es redonda/ nadie lo puede negar.  Mariposas amarillas/ por Macondo volarán/ a Mauricio Babilonia/ sus vuelos anunciarán.  Las encías muy orondas/ de Melquíades sonreirán/ su dentadura postiza/ solo acusa novedad.  García Márquez lo supo/ Macondo es cualquier lugar/ Todos somos Buendía/ todos somos Iguarán”.

García Márquez como otros grandes escritores siempre gozará de buena salud.

 

 

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18 de Noviembre, 2013    CRÓNICAS

BERNABE LUCERO Y LA CUEVA DEL DIABLO

 

BERNABE LUCERO Y LA CUEVA DEL DIABLO

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

El Gualicho, soledades de piedra y distancia donde el cloruro de sodio enloquece los ollares de las bestias y se enseñorea en una de las salinas más grandes del país. Enorme planicie cuya depresión alcanza los 72 metros bajo el nivel del mar. Hasta los pájaros carroñeros se arrutan irremediablemente y las huellas se pierden en la espesura chata de la estepa.

Todo es silencio y antes fue mar. Por eso los restos del delfín picudo de Cuvier y del Carcharadón Megalodón. Lugar donde al decir del cacique Casimiro “quedan los osamentas” de hombres y de bestias.

El Gualicho, donde está la Puerta del Diablo y la temible Salamanca que evitaban tehuelches y mapuches. Viejos ritos para reverenciar al Mal. Para tener suerte, para poder pasar sin inconvenientes, para no morir de sed.

“Dicen que una chica se metió al Bajo del Gualicho y se perdió. Ni rastro de ella encontraron. Nada. Nada. Se perdió cuidando ovejas. Porque antes se cuidaban los animales a pie. No había caballos. Cuando yo era chica no teníamos caballos. Después mi padre tuvo capital, y los compró en Río Colorado. Llevó tejido, sobrepuesto, matra y los cambió. Se perdió la chica. Después dicen que la encontraron petrificada arriba de un banco de sal. Los que la vieron se asustaron y escaparon. Fueron a avisar al padre y a la madre, pero cuando regresaron a verla ya no estaba. Ni rastros hallaron. Dicen que nadie podía llegar allí. Corría viento y llovía. ¡Un temporal! La chica no apareció más. Tenía que ser el Gualicho. Eso contaron por ahí. Nosotros sabemos esto por la conversación de la gente que contaba todo. Se llama bajo del Gualicho porque el diablo vive allí”.

Historias, contadas de los paisanos que veces en estas regiones caídas de toda cartografía “viajan del mito a la realidad”.

“El 13 de Marzo de 1932, en la “Laguna del Pisadero”, se encontraba don Macedonio Belizán, con un arreo de vacunos, con destino a Viedma; Pío, se acampaba a unos 300 metros del camino que lo conducía a la casa; en lugar de tomar el camino, Pío salió en dirección a la Laguna del Bagual, en el caballo “El Manchado”. Este animal apareció tres días después. Observando, Pío lo había cambiado por un tostado, con este caballo siguió con rumbo al Gualicho Chico, dos o tres leguas más adelante, dejó, regresando hacia atrás por el paso de la Laguna del Bagual, rumbo a Mancha Blanca. El conocía bien este paraje; de ahí que los rastreadores nos confiáramos pensando que estaba en lo seguro; fue todo lo contrario; el chico siguió para la laguna del Monte, donde su rastro se confundió con el de tantos animales que andaban por la zona. Ante la imposibilidad de seguir solos, los familiares, amigos y yo, que anduve día y noche, a la cabeza del rastreo, pedimos ayuda oficial para la búsqueda a larga distancia; todo el andar fue inútil. Tuvimos que aceptar que se perdió en la “Puerta del Diablo”.

Los estudiosos se preguntan al encontrarse allí “donde se juntan los caminos “en la Patagonia profunda del Gualicho ¿Quién seguirá los pasos de Bernabé Lucero, el salamanquero, para enfrentarse contra víboras y toros a cambio del don de tocar la guitarra?

“Bernabé Lucero conocía el Gualicho palmo a palmo; se fue encerrando en él, con su lirismo, con su silencio, su música y los misterios de aquella morada del diablo, al decir de las gentes. Algo sobrenatural se escondía sin lugar a dudas en el alma de aquel huraño. Para los ignorantes de la supervivencia, son brujerías. No para mí… desde un primer momento, presentí que un poderoso, como rebelde espíritu mapuche había encarnado en esa vida, guiándolo por el secreto de la música y el idioma de las soledades de piedra y arena. Pocas veces, o ninguna, Bernabé hablo de su quehacer en las largas ausencias”.

Y siguen las contadas en la prosa de los que dejaron testimonio del andar de Bernabé en el Bajo más temible de todos los bajos.

“Bernabé Lucero, sin escuela ni oficio, despertaba la admiración y el temor de quienes lo escuchaban. Mariano Villalba fue uno de los que le pidió que le enseñara lo que él había aprendido; Lucero le manifestó: -Yo te puedo transmitir lo mismo que aprendí, pero tenés que venirte al cruce de los caminos una noche. Si sos hombre de coraje… vas a aprender lo mismo que yo. Mariano Villalba, no fue”.

Dicen que estaba desfalleciente debajo de unas plantas de molle en su Gualicho y que repetía que los hombres como él debían morir de esa manera. Lo trajeron al hospital de Valcheta y en ese momento se encontraba internado un nieto del cacique Huenteleo. Lucero se acercó y le dijo: Vengo pa irme al chenque. Muchos años después al lado de su sepultura creció una planta de molle, seguramente para cobijar bajo su sombra la leyenda del salamanquero, que así debe morir.

“De este modo –dice la escritora Josefina de Ballor- nos dejó el cantor más misterioso del Gualicho, llevándose los secretos de sus noches, de sus ojos en la lejanía y de su guitarra de embrujo, seguramente quedará la leyenda”. Y no se equivocó.

Hoy hay abundante bibliografía sobre Bernabé y el Gualicho: artículos, notas, estudios, canciones, obras de teatro, guiones para un largometraje, pero sobre toda la magia incomparable de su leyenda que persiste en cada viejo poblador que supo tratarlo y que está a la vuelta de la esquina en cada rincón del pueblo de Valcheta.

 

 

 

 

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21 de Octubre, 2013    POEMAS

BARRIADA DEL SALITRAL

BARRIADA DEL SALITRAL

 

 

 

Valcheta de mis amores

Barriada del salitral

Te va buscando la noche

En las aguas del canal.

 

 

Un aroma que se extiende

Como un sueño singular

Y un corazón panadero

De facturas y de pan.

 

 

Por un lugar las vías

Por el otro el bulevar

Con la escuelita el gimnasio

Y estas ganas de soñar.

 

 

La luna que se solaza

Con sus ganas de cantar

Y una guitarra nochera

Que no para de tocar.

 

 

Algunas nuevas viviendas

Que se quisieron sumar

Con plantas y con jardines

Lindo se pone el lugar.

 

 

Son vecinos muy tranquilos

Que saben de trabajar

Y han formado sus familias

Con amor y voluntad.

 

 

Cuando pasa el regador

Todo quiere  refrescar

Valcheta de mis amores

Barriada del salitral.

 

 

 

 

 

 

 

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08 de Octubre, 2013    DATOS y NOTICIAS

Mención Especial" del jurado en el "29 Certamen Literario del Inmigrante",


El poema "Eclesiastes" del poeta y escritor Jorge Castañeda de Valcheta ha recibido "Mención Especial" del jurado en el "29 Certamen Literario del Inmigrante", organizado por la Federación de Entidades del Bien Público" de la ciudad de Berisso (Buenos Aires). El jurado estuvo integrado por los escritores Beatriz Nuccetelli, Carlos Cazoria y Horacio Urbañski.

 

La Federación de Entidades de Bien Público dio a conocer los resultados del 29º Certamen Literario del Inmigrante en adhesión a la 36º Fiesta homónima.

En Poesía el primer premio fue para *Sinónimos de nada*, de Raquel Fernández, Villa Domínico. Avellaneda.

El 2º, *Nostalgia* de Raquel Piñero Mongielo, Funes, Santa Fe.

3º) *Abuelo* de Abel Schaler, Paraná, Entre Ríos.

 

MENCIONES: *Mis raíces* Emilce Zorzut, City Bell.

*Ecclesiastés*de Jorge Castañeda, Valcheta, Río Negro.

 *¿Te acordás? Jorge Hermiaga, Moreno.B.Aires.

*Añorándote* Raúl Mihdi, Berisso.

*Raíces*. Rubén Fiorentino, Béccar, B.Aires.

*Francisco y los otros*, Adolfo Zabalza, Pergamino, B.Aires. 

 

NARRATIVA: Primer premio: *No creo en espectros*, Cecilia Palazzo,  Berisso.

2º) *Las olas han de llevarme*, Raul Biglieri.

3º) *Zapatos azules*. Elida Cantarella, ambos de Pergamino. MENCIONES: *Pasaporte a la libertad*, Luisa Cristóbal de Romero. Bialet Massé, Córdoba.

*El linyera de los palos*, Francisco Alfonso, Winifreda, La Pampa. *El loco Emilio*, Guillermo Martínez Pass, Gonnet.

*La bigornia*, Rubén Butinof, La Plata.

*Me sucedió en Pamplona*, Alberto Martinena, Venado Tuerto, Santa Fe.

*Una magia diferente*, Jorge Fidel, Berisso.

*Lazos de cristal*, Raúl Fernández, Villa Adelina, San Isidro.

*Viejo amor* Raúl Campos Dalmau, Ushuaia, Tierra del Fuego y

*El Monte de los Olimpos*, Elizabet Duzdevich, Pergamino.

 

Jurados: Beatriz Nuccetelli, Carlos Cazorla y Horacio Urbañski.

ECLESIASTES

  

Yo voy juntando estrellas en la noche callada

Y me brillan las manos con clarísima luz.

Yo maneo al lucero en plena madrugada

Y la traza conozco donde marcha la Cruz.

Yo sé que las Marías encuentran su morada

En el cielo más bello que se ha visto en el Sur.


Yo conozco las huellas del puma predador

Y voy por las picadas llevando mi verdad.

Yo he mirado la luna en todo su esplendor

Cuando viste de plata su clara vanidad.

Yo presiento en el aire el inquieto rumor

Que viaja en el cielo con voz de tempestad.

  

Yo levanto las piedras pulidas por el río

Y me subo a los montes del último confín.

Yo viajo con el viento como si fuera mío

Y abrevo en las vertientes un alba de carmín.

Yo conozco los nidos en el peñasco frío

Donde remonta el águilacon su vuelo sinfín.

 

 

Yo conozco los vados del río en la espesura

Y del mar impetuoso he gustado la sal.

He mirado los pájaros que vuelan en la altura

Y pesado en mis manos la roca mineral.

Yo sé que hay en las cosas una cierta ternura

Y también muchas veces una pizca de mal.

  

He visto muchas cosas y todo es vanidad

Dice el Eclesiastés. Y también el hastío

Que en el alma nos deja no encontrar la verdad.

Ser falibles y pobres, menguado todo brío,

Esperando la barca que con cierta ansiedad

Para siempre nos lleve en las aguas del río.

 

 


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17 de Junio, 2013    POEMAS

Arriba del árbol sicómoro



Todo es distinto arriba
del árbol sicómoro.

Los tejados, las cisternas
en los patios
y la sombra de la tarde
con el sol tramontano.

Todo es distinto
arriba del árbol sicómoro.

Donde olvida el desprecio
del pueblo
y su oficio de publicano.

Todo es distinto arriba
del árbol sicómoro.

El Maestro,
las orlas de su manto,
y los suyos que prietos
caminan a su lado.

Todo es distinto arriba
del árbol sicómoro.

La multitud que espera
su paso
y la ansiedad de los enfermos
y de los necesitados.

¿Verá Zaqueo los ojos mansos
del Señor?

¿Y posará el Maestro
los suyos en los del recaudador?

Arriba del sicómoro
a solas con su pecado
temblando de ansiedad
espera su paso.


Arriba del árbol sicómoro
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30 de Mayo, 2013    CRÓNICAS

LA TEMIBLE SALAMANCA DEL GUALICHO

 

LA TEMIBLE SALAMANCA DEL GUALICHO

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

 

El Gran Bajo del Gualicho. La travesía horrible al decir del cacique Casimiro donde solo quedaban las blancas osamentas de los atrevidos que se internaban en ella. Jornadas bajo el sol ardido de los veranos y el cloruro de sodio enloqueciendo a hombres y bestias. El lugar de la “casa del diablo”.

 

Gualicho, el Alto Dios de los tehuelches, traducido como la “giradora” o “circunvolucionadora”, porque al decir del Profesor Rodolfo Casamiquela la figura era femenina. La casa del Gualicho, guarida temible de un Dios irascible, el  “Ulüngasüm” de los tehuelches.  Autor de las figuras rupestres, del viento en los cañadones, de la sal de las sierras, “el que secuestraba a los niños, el que poseía el poder de petrificar y auto petrificarse a su antojo, gigantesco en su faz maligna, femenino claro, pétreo, a él pertenecen los huesos petrificados envueltos en su carne (toba), que se manifiesta en la muerte de sed en las travesías y por eso había que propiciarlo”.

 

Es el “epehuén geyú”, el allí es Gualicho, que observó el Perito Moreno y otros viajeros. Así lo vio Claraz en el diario de su viaje al río Chubut cuando escribió que “en el fondo del Bajo existe una capa de yeso y en ella muchas conchas. Bajo tales capas sobresalientes los indios colocaban antes sus ofrendas; pero ahora la capa ha caído. Sin embargo, ellos siguen ofrendando en ese lugar. Lo denominan la “vivienda del Diablo”. Los indios tienen que pasar allí la noche en toldos, maneando bien todos los caballos y tienen que llevar agua para su uso. Llaman a este paradero “pelado”. Creen que el diablo es el dueño de este bajo y que les hace toda clase de malas jugadas. Hace que pierdan los caballos y se encuentren en apuros. Por eso ofrendan crines, para que los caballos no se fatiguen, y trapos y jirones que arrancan de sus ponchos o trajes, para que no les suceda nada malo. Introducen todo esto con el cuchillo en las blandas capas de yeso e imploran al dueño del bajo para que les sea propicio”.

 

El salesiano Pedro Bonacina contaba que partió del Fortín Castre para Valcheta y que “a llegar a la mitad del camino me detuve a descansar en la Piedra del Gualicho. Bajé de la mula y me puse a observar lo que había arriba de esas piedras: encontré una caja de fósforos, un pañuelo de mano y un papel de cincuenta centavos, todo dejado por los viajeros que han pasado por aquí”.

 

Casamiquela precisa que el sitio conocido como la Salamanca del Gualicho se ubica aproximadamente en el deslinde de los lotes 5 y 6 de la Sección I Colonia de San Antonio Oeste. El lugar queda a unos 60 km. al sur del paraje El Solito, en el extremo oeste del salitral o Gran Bajo del Gualicho. Existen dos grupos de pobladores más o menos cercanos que viven en la margen norte del bajo. El primero, cerca de la laguna del zorro (doña Ana Gaviña y familiares), es probablemente el más próximo (3 leguas), pero no nos pudo facilitar medios para llegar hasta la piedra del Gualicho misma. El otro está integrado por la viuda de Beltrán y por el señor Honorio Beltrán (este último fue el que nos acompañó a caballo como baqueano). Desde la casa de Machado hasta la piedra del Gualicho hay aproximadamente 4 leguas y en el recorrido se pasa junto al jagüel de Eldo Gaviña, más o menos a mitad de camino”.

 

Macedonio Belizán, un pionero de la zona de Valcheta le supo contar a la historiadora Josefina de Ballor que “Yo trabajaba en jagüeles, por la laguna “La Escondida”, viniendo con dos carros del Bajo del Gualicho, en una oportunidad a unos setenta metros del camino, sobre mano derecha, observé una piedra blanca que brillaba igual que un cristal. Estaba rodeada de paredones de piedras, con una puerta a la salida del sol; nos bajamos los cuatro carreros que me acompañaban: Gaspar Mailín, Ignacio Zárate, Juan Linares y yo. La piedra tenía un escrito, decía que todo el que pasara, algo debía dejar, para poder seguir.

 

“Los cuatro hombres rodeamos la misteriosa antigüedad. Había a su alrededor monedas, cajas de fósforos, colas de caballos, géneros, botellas conteniendo líquido, tabaco, cigarros, también prendas personales. Gaspar Mailín, incrédulo de lo espiritual se rió; se tomó el atrevimiento de levantar las monedas y guardárselas. Salimos del lugar, como a 500 metros desatamos los animales para almorzar; sobre las 15, preparamos el regreso, atamos los caballos… estos no dieron un paso adelante!  Empacados, no hubo forma de que anduvieran. Nos tomó la noche; al otro día tuvimos que hacer 25 km. hasta “La Escondida” en busca de agua; tomamos nosotros y le dimos a los animales; en un descuido nuestro Mailín devolvió las monedas; pero, la verdad es que tuvimos tres días de castigo, que no pudimos salir”.

 

La temible Salamanca del Gran Bajo del Gualicho, esa que supo reconocer y merodear Bernabé Lucero, “el salamanquero”, toda una leyenda de los pagos rionegrinos.

 

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05 de Mayo, 2013    CRÓNICAS

ELOGIO DEL ALAMBRADO

 

 

ELOGIO DEL ALAMBRADO

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

 

Si bien el  alambrado al principio tuvo mala fama como todos los inventos prácticos se  impuso para quedarse. La historia campera registra que el primer alambrado fue tendido por Ricardo B Newton allá por el año 1844.

Domingo Faustino Sarmiento, introductor de los gorriones, de la alfalfa, del tamarisco y hasta de las primeras maestras protestantes entre otras minucias, era un vehemente defensor del mismo llegando a decir en una de sus exageraciones que “antes del alambrado, podría decirse: todo el país es camino”. ¿Tendría razón el sanjuanino?

Y si de él hablamos a los adversarios que se oponían a “cercar la pampa” les increpó: “lo que les propongo viene del sentido común de los agricultores del mundo. ¡Cerquen, no sean bárbaros!

Más mesurado en sus juicios, pero igual de convencido, José Hernández, el autor de Martín Fierro, escribió hacia 1882 que “la modificación de mayor importancia introducida en la industria rural ha sido la de los alambrados”.

Y Estanislao Zeballos embargado ya en aquel entonces por un verdadero sentimiento patriótico supo afirmar que “los alambrados argentinos son extraordinarios”

Hay alambrados y alambrados. Están los de excelente confección que llegan hasta tener cinco hilos de alambre. Una maravilla. Con buenos postes de ñandubay –árbol típico del litoral argentino- que ha prestado un servicio fundamental en las zonas rurales. Pero también están los de carapachay y hasta de álamo sulfatado. Y con varillas de la mejor madera. Hay memoriosos que recuerdan los postes hechos con madera de quebracho colorado –seguramente de algún rezago del ferrocarril- casi para toda la vida. Sin duda que debe ser una exageración de la cultura popular aquellos versos famosos del juego del truco: “Alambrado de siete hilos/ postes de ñandubay/ un molino marca guanaco/ y una flor del Paraguay”. Pero no así el famoso refrán que alude a que “lo pasaron como alambrado caído”.

Otros adminículos son indispensables compañeros del alambrado: por ejemplo las torniquetas, también llamadas “golondrinas” que sirven para tensar los alambres y hay que ser baqueano para saberlas colocar, pues “se usa precisamente para accionar sobre un cuadrante que ésta tiene sobre su lateral”, según Jorge Balbuena, escritor de los pagos de Río Colorado. Las enigmáticas llaves “california” (estampadas o forjadas) que supo glosar José Larralde en uno de sus poemas: “hace maneas, california y sangra”.

Hay formas y formas de pasar los alambres para que quede bien parado: por los agujeros de los postes o bien agarrados a éstos por “maneas” como lo señalaba nuestro juglar campero.. O sea un buen alambrado y en éste orden: “las varillas “maneadas”, los hilos de alambre bien “tirantes” y los postes verticales”.

En parajes pedregosos como los de la meseta de Somuncurá no es raro ver los postes afirmados por un amontonamiento de rocas basálticas en su pie al ser muy dificultoso poder clavarlos, por la dureza del terreno.

Una leyenda negra o no tanto relacionada suele contar que a veces en lugares de litigio “los alambrados caminan solos por las noches”. Pero también de esa forma se han cometido muchas injusticias.

Hay refranes que también se han referido a éste cerco de alambre y que advierten que el que “vuela lo perdiz se descogota en el primer alambrado”. ¡Cuidado entonces!

Y también sus postes han sido el lugar preferido por excelencia para anidar los horneros, sino que lo digan estos versos: “Y sobre un poste del alambrado se vio el ranchito pintiparado”. ¡Y cuántas veces han servido como atalaya de los búhos y de las lechuzas! ¡Cosas de mandinga!

Un párrafo especial lo merece sin duda el alambrador –oficio rural que se quiere perder como tantos otros-. Sí, el esforzado alambrador patagónico que es un maestro en el arte difícil de alambrar. Un artesano que conoce su oficio en forma empírica y que sabe por su propia experiencia “que un alambrado nunca es igual a otro”.

Algunos dirán cosas de campo, pero en las ciudades también hay cercos y alambradas, verbigracia: en los estadios de fútbol, separando el campo de juego de la vehemencia de las hinchadas. Es que también ha sacado carta de ciudadanía.

Y si hablamos del alambrado no debemos obviar a las tranqueras, sus compañeras entrañables, pero ellas por su profusión y abundancia merecen otra crónica.

 

 

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07 de Agosto, 2012    CRÓNICAS

VALCHETA Y LAS CRECIENTES: LA IMPORTANCIA DEL TOPONIMO

VALCHETA Y LAS CRECIENTES: LA IMPORTANCIA DEL TOPONIMO

 

Jorge Castañeda

Escritor - Valcheta

Es sabido que los integrantes de los pueblos preexistentes cuando nombraban a algún paraje o accidente geográfico los hacían indicando sus propiedades o características más sobresalientes.

De allí la importancia de saber interpretar nuestra toponimia y leer en el nombre impuesto la síntesis que lo identifica con precisión y justeza.

A diferencia de estos pueblos, los viajeros posteriores bautizaron lugares de nuestra Patagonia con profusión de nombres y apelativos.

Escribe Cipriano Arbe en su interesante crónica “Vodudahue 82, un viaje al mito” que cuando tehuelches y mapuches nombraban algo “era porque tenían una relación distinta con su medio, lo respetaban más, y no se apropiaban de montañas, ríos y valles. Designaban los lugares nombrando una característica que les era peculiar; resumían en un nombre la particularidad que, para nosotros es cuestión de mera cartografía. Ni siquiera distinguían las corrientes continuas de los ríos sino que, con el nombre, indicaban emplazamientos. Lo más cercano sería decir que su toponimia era fotográfica, encerraban en ella una idea del lugar según lo que lo caracterizara”.

En el caso particular de Valcheta es un topónimo tehuelche septentrional que significa “lugar donde el agua se colma” haciendo alusión a las célebres crecidas aluvionales del arroyo, donde desemboca el agua pluvial de los cañadones de la meseta de Somuncurá y de los parajes de Chipauquil y Chanquín.  Precisamente este último topónimo que designa a éste último en lengua mapuche significa “isla”, “bifurcación u horqueta”, refiriéndose exactamente a que queda de esa forma cuando hay crecientes excepcionales.

Volviendo a Valcheta el significado es más que válido dado que los aluviones son recurrentes en el tiempo y cuando suceden el agua se desborda de cauce e inundan gran parte del valle y sobre todo  a la altura pueblo.

Ese fenómeno lo observó Musters al pasar por allí con los tehuelches meridionales en 1870: “Ese río está sujeto a grandes crecientes, como lo demostraban la maleza y la broza que colgaban de los arbustos y matorrales en todo el valle, dejados allí evidentemente por la inundación primaveral”.

Harrington escribe kukbürschanitën o bülchanetën aljkach. O sea “el río se está llenando”. Y George Claraz en su vocabulario  kelelé-apatapschlec, traducido: “el gran diluvio” y “salir, reventar, inundar”.

O sea que para tehuelches y mapuches, grandes conocedores de parajes y lugares, no era desconocido que al arroyo Valcheta en determinadas épocas se desbordara inundando con sus aguas todo el famoso “paradero”.

De allí la importancia de los topónimos para asimilar las características más sobresalientes de cada lugar y de las contingencias climáticas.

Los pobladores recuerdan algunas crecidas extraordinarias del arroyo, entre ellas la del año 1966 (ciento ochenta milímetros en dos horas) que se desbordó incontrolable anegando varias cuadras de la localidad y entrando a la mayoría de casas y comercios, pero con la particularidad que fue solamente con la lluvia caída  en Valcheta pueblo.

Al ser canalizado el cauce del arroyo ya las posteriores fueron de menores consecuencias, sin embargo ésta última demostró que las crecientes son recurrentes y que siempre hay que prestar atención a la toponimia, recordando  que Valcheta es precisamente  “el lugar donde el agua se colma”. 

 

 

 

 

 

 

 

 

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28 de Febrero, 2012    CRÓNICAS

LAS FRASES DEL GENERAL

El general Perón y Jorge Luís Borges, dos de las personalidades más influyentes en la Argentina del pasado siglo XX, a pesar de sus posiciones políticas antagónicas, compartieron algunas facetas comunes como el hábito por la lectura de buenos libros y el ingenio para acuñar frases que luego harían historia.

De las de Borges mucho se ha escrito, pero de las dichas por Perón, si bien muchas se han incorporado a la vida cotidiana de los argentinos, hay otras que son prácticamente desconocidas.

 Entre los más famosos dichos del general, están los aplicadas a la militancia política práctica, como aquel en que refiriéndose a la calidad del material humano con el que debe trabajar un conductor,  dijo que “la bosta también sirve para construir”. O ante el armado de una lista electoral al pedírsele el desplazamiento de alguno integrante, supo decir que “si se comienzan a sacar a los malos, no quedaba ninguno”.

Cuando en una oportunidad le preguntaron sobre el valor, respondió que “El hombre normal tiene miedo. El valor no es otra cosa que el triunfo de la vergüenza sobre el miedo”.

 Contaba Enrique Pavón Pereyra que cuando un viejo gorila recién afeitado le dijo que después de haberlo combatido siempre, ahora se había hecho peronista; a lo que Perón contesto: “Es un error. Está bien eso de no ser más gorila, pero está mal eso de hacerse peronista, si hasta yo mismo he dejado de serlo”.

 Como un dato casi desconocido reveló que “A veces escribo con el seudónimo de Descartes para devolverle la gentileza, porque el famoso filósofo francés firmaba con el seudónimo de “astrónomo Perón”.

 Al igual que Borges, muchas veces las frases pronunciadas no eran propias sino de otra cosecha, como aquella de “todo en su medida y armoniosamente” que tomó del frontispicio de un templo griego y otras muchas extraídas del Martín Fierro (lo sabía de memoria y le hacía caso en todos sus consejos), de las Vidas Paralelas de Plutarco (dijo que “no escribió historias sino hombres”) o del Arte de la Guerra de Von Clausewitz.

 Es célebre la respuesta a la joven periodista que lo importunaba en una conferencia de prensa y ante su evidente disgusto ésta le confesó que  peronista, quedando la respuesta del general para la posteridad: “Pues si usted es peronista, entonces lo disimula muy bien”.

 Cuando se tuvo que definir a sí mismo expresó que “en principio acepto como verdad cuanto me dicen; pero cuando descubro que alguien me ha mentido, ya no le creo aunque me diga la verdad”. Tomada seguramente de Kant: “No me duele que me hayas mentido, sino el no poderte creer jamás”.

 Su fino ingenio le llevó a acuñar algunas geniales como aquella en que definió a Felipe de Edimburgo: “Este Mountbatten (que son de origen alemán), es ciertamente un príncipe consuerte”.  A Harry Truman como “un vendedor del bazar Bignoli, pero barato”. De De Gaulle supo decir que era “la altura de Francia”. Sobre Kennedy expresó que “andaba tan lejos de Dios que Dios no pudo asirle de la mano para salvarlo” y de Wiston Churchill que “perdió todas las batallas”.

 

Aludiendo al famoso olvido del embajador Braden dijo que “no olvidó el sombrero, sino la cabeza. De Augusto Vandor expresó que “era una esfinge sin enigma”. De Raúl Matera que era “neuroperonista” y que “fue mariscal sin hacer el servicio militar”.  De Rogelio Coria que “más aceite da un ladrillo” y con respecto a Raimundo Ongaro se preguntó: “¿Para qué quiere verme? Si él conversa directamente con Dios.

 

Scalabrini Ortiz  “ejerció la primera magistratura moral de la Nación”. En cambio Isaac Rojas “era un pedazo de carne con ojos”. El general Velazco “primero era mi amigo; luego era todo lo demás”. A su parecer cuando estaba en Puerta de Hierro Osiris Villegas “vino, vio y no entró”. Ava Gardner, a quién conoció personalmente y que le llamaba excelencia, era “el animal más bello del mundo”. Bemberg, según su juicio “hizo su fortuna traficando con cerveza, lo mismo que Al Capone”. El Opus Dei era “algo así como la catolización del dólar” y Enrique Santos Discéplo “el único poeta mayor de Buenos Aires”.

 Sobre Arnald Toynbee señaló que era “el antes y después de Polibio, con el brío interior de Michelet en sus resurrecciones, y el temple de Gibbon en el manejo maestro de los materiales históricos”.

 Muchas otras frases quedan seguramente en el tintero. En sus último años después de haber alcanzado los mayores honores en la República expresó que “el triunfo no me excita, porque he alcanzado una etapa en mi existencia en que puedo hacer propia la actitud de un filósofo estoico: “he llegado a soportar la victoria”. Estoy en un punto de mi vida en que ni el triunfo me exalta demasiado, ni la derrota alcanza a deprimirme”.

 Y que sirva como colofón.

 

Jorge Castañeda

Escritor - Valcheta

 

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27 de Junio, 2011    POEMAS

LA DIGNIDAD DEL AMOR

Cada fábrica cerrada

Es una rabia mayor

Es un llanto que se oxida

Sobre la cruz del portón.

 

 Cada fábrica cerrada

Es una angustia un dolor

Una impotencia sin nombre

Un pecado sin perdón.

 

 

Cada fábrica que se abre

Hará crecer la ilusión

Hará la vida más digna

Y al tiempo lo hará mejor.

 

 

Cada fábrica que se abre

Requiere un gesto de amor

Si vamos codo con codo

Habrá de salir el sol.

 

 

Cada fábrica que se abre

Es abrir el corazón

Sembrar hechos solidarios

Como plantar una flor.

 

 

Cada fábrica que se abre

Es un gozo una emoción

Un cielo recuperado

Donde nace la canción.

 

 

 

Palabras claves , , ,
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SOBRE MÍ
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Jorge Castañeda

Escritor nacido en Bahía Blanca (Pcia. de Buenos Aires) el 23 de Agosto de 1.951, se radicó desde el año 1953 en la localidad de Valcheta, Pcia. de Río Negro.

Entre sus obras publicadas pueden citarse, entre otras, "La ciudad y otros poemas", "Poemas sureños", "Poemas breves", "Sentir patagónico", "Arturo y los soldados", "Como Perón en el cuadro", "Poemas cristianos", etc.

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Escritor y periodista de Valcheta, localidad ubicada en la Patagonia Argentina
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