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JORGE CASTAÑEDA
Blog de literatura de la Patagonia
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Entradas por tag: sequia
14 de Abril, 2014    CRÓNICAS

MALDITA SEQUIA

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 MALDITA SEQUIA

 Dionisio Manfiqueo es un poblador del paraje “Las Mochas”, en el interior más interior de la provincia de Río Negro. Vive a la intemperie de toda soledad cuidando el pequeño capital de su majada de chivos, que es el único y escaso bien que le queda.

Su hermano Santiago hace tiempo que se fue del lugar a buscar mejor suerte en Valcheta, donde se encuentra afincado realizando changas de todo tipo. Como Dionisio nunca supo  bajar los brazos  le pelea a la vida trabajando fuerte y de cualquier cosa. Se fue cansado de tanta lucha y porque sabía que el campito no daba lo suficiente para vivir los dos.

Dionisio soportó el frío inclemente de los inviernos y el viento helado que se hace sentir en esos lugares perdidos de la mano de Dios. En verano en cambio el sol implacable parece achaparrar más las escasas plantas de la estepa y reverbera por los riscales resecos de las picadas.

A veces en las tardecitas después de encerrar los animales Dionisio saca la acordeona de su estuche y toca trabajosamente algún valseado. La música lo distrae de tantas amarguras pero en otras lo pone triste porque se acuerda de su padre. En sus manos sí que la acordeona parecía que hablaba. Eran tiempos felices. La hacienda crecía a cada señalada, la lana tenía precio, con la esquila se podían pagar las deudas de todo el año contraídas en los comercios del pueblo, la potrada estaba gorda y casi nunca faltaba un chivito dorándose al asador.

Y sobre todo porque llovía. Parecía que la lluvia era una bendición de Dios que acordarse de los pobres. El campo estaba lindo, había pastos y las aguadas llenas. No como hoy que está todo seco, con remolinos de polvo y hasta la sabandija pequeña implorando un poco de agua.

Pero no hay nada que hacer, hace años que no llueve lo necesario. Ya nada da para más: ni los animales, ni los campos, ni la paciencia de los pequeños crianceros como Dionisio.

La vieja camioneta F 100 está arrumbada en el galpón. Ya ni cubiertas tiene. Y si las tuviera; ¿de dónde sacar el dinero para viajar hasta el pueblo? Suerte que se tiene buena salud, sino…

El Ente de Desarrollo de la Región Sur nació para eso: Para solucionar y aliviar las dificultades que los pequeños productores enfrentan a diario, pero de nada ha servido. ¿Qué pueden hacer los técnicos ante tanto desamparo? Hay programas para todo menos para esos hombres que están perdidos en los parajes esperando tiempos mejores. ¡Maldita sequía! Sólo le quedan algunos pocos animalitos y unos perros famélicos por toda compañía.

Dionisio Manfiqueo lleva una vida dura y curtida: tiene que cuidar los poquitos animales que le quedan, pelear a brazo partido contra las plagas, los zorros y los pumas y a veces hasta contra la jauría de perros cimarrones.

Suele por las tardes tomar algunos mates y freír unas tortas fritas sin levadura mientras le queda un poco de harina y de yerba. Y otra vez la acordeona. ¡Maldita sequía!

Dicen que la vida en el campo es linda. Que no hay que despoblarlos y cuántas otras tonterías. Tendrían que estar en el cuerpo y en alma de hombres como Dionisio para saber cómo es la cosa.

Por otra parte, si lloviera ¿qué solución sería? Costaría años repoblar las majadas, volver a juntar el pequeño capital para una subsistencia digna y sobre todo recuperar las ganas y la poca fe que queda.

Estos años no son buenos para los productores. Los campos se van abandonando y los muchachos buscan en los poblados una mejor forma de vida, que en tiempos de crisis difícilmente encuentran.

Los puestos se convierten en taperas y una tristeza sin par se instala en las cosas y en la gente. Una impotencia, un bajar los brazos y sensación enorme de sentirse solo.

Dionisio Manfiqueo ama ese lugar perdido en la geografía rionegrina. Acá tiene los mejores recuerdos de cuando era niño, de su madre y de su padre, de su abuelo,  de su caballo favorito, de sus días de caza de guanacos, del olor a lluvia cuando el cielo estaba encapotado.

Son recuerdos que valen mucho y que no tienen precio. ¿Cómo abandonar el campo? ¿Por qué darse por vencido así porqué sí?

Como sus abuelos y sus padres Dionisio sabe esperar sin quejarse. Porque quejarse es perder la dignidad y es lo único que les queda. Esperar que los políticos comprendan la situación del hombre de campo, esperar un poco de solidaridad, esperar tiempos mejores, esperar que llueva, esperar…

El campo está todo árido, el viento levanta polvaredas, los caminos casi borrados, los animalitos exangües. Hasta la esperanza es poca en estas regiones del sur rionegrino.

¡Maldita sequía!

 

 

Jorge Castañeda

Escritor - Valcheta

 

 

 

 

Palabras claves ,
publicado por lineasur a las 21:58 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
13 de Febrero, 2014    CRÓNICAS

La otra sequia

Solía decir Carlos Di Fulvio “que al ver tanta pobreza el corazón le dolía”. Seguramente no se refería a la Región  Sur de Río Negro, pero nuestro cantor local Rubén Tatano Lucero en uno de sus temas a la meseta de Somuncurá escribió que hay “unos ranchitos, hilachas del monte al viento y al sol. Si vieras Diosito la inmensa pobreza de aquellos paisanos que son del lugar”.
¿Cómo –me pregunto- el cronista, el poeta, el periodista,  debe hacer para transmitir el infortunio del poblador rural de Río Negro? ¿De dónde sacar las palabras para reflejar la situación por la que atraviesan los hombres de campo? ¿Cómo se puede hacer para conmover el corazón de los políticos y de los técnicos?
Los productores de la zona están cansados. Han comenzado a bajar los brazos. De majadas de tres mil ovejas hoy con mucha suerte quedan doscientas. Unas pocas chivas, algunos yeguarizos y donde se puede vacas. Pero no hay agua: las aguadas están secas, en las lagunas los torbellinos de tierra levantan nubes de polvo. Da lástima tanto penar. Las osamentas de los animales van jalonando los campos con una impotencia que parece a nadie le importa.
Van para diez años de sequía y hace cuatro meses que no cae una sola gota de agua. Las plagas se enseñorean diezmando aún más los pocos animales que quedan. Y los camiones aguateros desfilan por los polvorientos caminos para tratar de salvar algo. Ese algo que es la subsistencia de una familia, la escuela de los chicos, las expectativas de una vida mejor.
¿Cómo explicarle a ese poblador que no se debe abandonar los campos? ¿Cómo decirle que hay que esperar tiempos mejores? ¿Cómo hacerle entender que se seguirán haciendo estudios para buscar agua?  ¿Quién atiende sus reclamos? ¿Cómo decirles que para hacer un viaje al pueblo en combustible tienen que gastar el trabajo de dos meses? ¿Quién les explica de cepos cambiarios, del precio del dólar blue o  de devaluaciones a quién tiene los bolsillos vacíos?
A veces pareciera que la sequía que más duele es la otra. Esa que se enquista en los despachos de los  ministerios y de las secretarías. La que ha secado los sentimientos del corazón de los hombres y mujeres, la que rige con la indiferencia, la postergación y el olvido. La que campea en los expedientes y en el rigor impositivo de los recaudadores. La que hace política barata con los subsidios, la que se instala cada cuatro años en las boletas electorales, la que viaja con las comitivas y exalta las promesas desmerecidas de siempre, la que vive en forma permanente llenando planillas y haciendo medulosos estudios que siempre terminan en nada.
La esperanza del poblador rural está tan deteriorada como los caminos vecinales, donde una máquina no pasa ni por casualidad.
Nadie puede venir a poner la oreja a los pobladores de la Línea Sur porque de eso ya están cansados. Cambian los nombres y recurrentemente vienen con buenos viáticos y mejor pitanza a escuchar lo que ya saben de memoria. Aparte, señores, de tomar contacto con la realidad, de analizar la problemática, de implementar programas que nunca han dado resultados, ya están todos hartos, pero como al hombre de campo le sobra prudencia escuchan las letanías y no dicen nada. Porque a las palabras en estas regiones perdidas de la mano de Dios se las lleva el viento.
¿Cómo afrontarán las clases los niños de la meseta? ¿Habrá precios cuidados para tanto abandono? ¿Importaran algo o serán un número más del ajuste educativo que cierra cargos y escuelas? ¿Cuándo entenderán, muchachos, que el problema  no es una cuestión numérica o de matrícula sino de atender con cierta equidad y justicia a todos los ciudadanos por igual? ¿Adónde enviar a esos niños, aunque sean pocos? ¿Qué residencias escolares recibirán tanta inequidad, tanto oprobio?
Saber estas cosas y no decirlas a veces es traición a la patria. Es mirar para otro lado y saberlas y no hacer nada es pecado de omisión, el más terrible de todos. Y ¡hay de aquellos que tienen responsabilidades y por no comprometerse asienten y callan!
Pero deberán recodar los rostros de los hombres y mujeres del interior rionegrino porque los interpelaran para siempre, tal vez no les quiten el sueño ni les mermen sus abultados sueldos,
pero tendrán una dignidad difícil de encontrar, que ellos no conocen ni por asomo.
Hablan de compromiso político pero se olvidan que el mayor compromiso es con el prójimo, con la vida, con los valores y con la inocencia de la gente.
No es el tiempo para los tibios y para los timoratos. El toro hay que agarrarlo por las astas. Hoy y ahora es el tiempo. Y con decisiones, porque se sabe: mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar. Así, tan simple. Sin conferencias de prensa, sin bombos ni platillos.
Lo de la sequía es lo de menos. Puede seguir sin llover. Pero lo que es realmente importante es tener funcionarios sensibles y ejecutivos, compatriotas solidarios, periodistas valientes que hablen de estas cosas, un pueblo fraterno y así la historia se podría escribir de otra manera.
Jorge Castañeda
Valcheta (RN)

Palabras claves , ,
publicado por lineasur a las 09:25 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
SOBRE MÍ
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Jorge Castañeda

Escritor nacido en Bahía Blanca (Pcia. de Buenos Aires) el 23 de Agosto de 1.951, se radicó desde el año 1953 en la localidad de Valcheta, Pcia. de Río Negro.

Entre sus obras publicadas pueden citarse, entre otras, "La ciudad y otros poemas", "Poemas sureños", "Poemas breves", "Sentir patagónico", "Arturo y los soldados", "Como Perón en el cuadro", "Poemas cristianos", etc.

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Escritor y periodista de Valcheta, localidad ubicada en la Patagonia Argentina
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